-Lo sé porque es mentira. ¡Oh, no me digas que crees esa historia hermano!
-Hay que creer para ver -dijo con paciencia.
-Sí, claro, y yo tengo un unicornio -rió.
-¡Ya vete y no entres más en mi habitación! -dijo sacándola enfadado.
Todos los papeles de la investigación quedaron tirados en el suelo. Los empezó a levantar, poniéndolos en orden y luego los puso en el escritorio nuevamente.
Josh era simpático, valiente, inteligente y tenía un millón de cualidades más de su lado; sus defectos eran pocos, pero muy fuertes, se enojaba fácilmente, se metía en problemas por defender a sus amigos o defenderse a sí mismo.
Cuando terminó de ordenar las cosas de su habitación, salió y llegó hasta la escalera, iba a bajar pero escuchó que sus padres hablaban y paró para oír qué decían. Ellos hablaban de una tía en Inglaterra que volvería en un mes. Por supuesto, Josh no entendió nada, después de todo hacía pocos minutos se había enterado de que sus únicos tíos habían muerto en un accidente.
(Continuará...)
Agustina Galdeano, 1º 2º
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