Tomando café -con cinco de azúcar y una grandiosa medialuna- te encontré tan radiante como siempre, tan hombre. Te miré y no me pude contener, mis piernas respondían... lástima que no a la razón. Me sentí volar, como si los tacones no toaran el piso, como si no me hubiese probado una infinidad de peinados solo para decirte "hola", como si el maquillaje que levo fuese casualidad. No, mi amor, las casualidades no existen y este caso no es una excepción. Yo estaba allí, intentando ser un sol potente para así cegarte de amor, y vos estabas muy ocupado siendo la sombra, opacándome hasta hacerme sentir inexistente, hasta hacerme desaparecer. No me notaste, y al momento que retomé el control de mis piernas descubierta, perdí el de mi boca, recordando a Newton. Y en un nanosegundo mi corazón se hizo añicos al verte con ella. ¿Qué tenía que no tuviese yo?
Pabla Oliveri, 5º H

No hay comentarios:
Publicar un comentario