arrepentida de ser solo eso
y no poder formar parte
del cielo eterno.
No entendí la primera última
seguidilla, triste almacén de ternura
que inventas al malpensar
escondido y lleno de bondad.
Princesa de la mala terturia
reina de mi infierno
embalsamada con tu frialdad
a cuesta que no te deja amar.
Te puedo pedir que no me pidas
lo que tienes que pedirme
aunque yo no pueda pedirte
lo que me hace falta
solo dame tu silencio.
Martín Mosci, 5º H

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