Velge entró a la cabaña y su abuelo lo escondió en una puerta secreta bajo el piso.
-No te muevas y no toques nada- dijo el abuelo que se preparaba a salir. Velge obedeció y se quedó en el sótano. De lejos, vio una luz. Al oír a la gente pelear corrió hacia la luz y vio algo imposible: una armadura verde con cortes de pino, una doble espada brillante que creaba su propio veneno y un extraña yelmo que parecía cobrar vida.
Velge se acercó y se calzó la armadura. Sentía un gran poder en su cuerpo, pero la armadura tenía voz propia y le dijo:
-Si me usas, me darás tu alma para revivir el bosque petrificado.
Velge no dudó y para ayudar a su pueblo aceptó.
Salió corriendo y empezó a pelear contra los bárbaros y por cada uno que mataba, un árbol del bosque comenzaba a revivir.
Los bárbaros, asustados, huyeron del lugar. Velge comenzó a seguirlos pero vio a su padre muerto.
Se arrodilló y abrazó su cuerpo.
-¡Padre! ¡Padre!- Secándose las lágrimas llamó también a su abuelo y lo divisó en el suelo malherido...
Matías Garro, 5º año Economía y Gestión de las Organizaciones
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